Sentada en una costa atractiva, acariciada por los aires europeos y poseída por un constante afán de superación, la ciudad de Barcelona no sólo es el centro de atención de arquitectos, políticos, deportistas y pintores que ven en ella un simbolismo, un reflejo o una sensación. También suscita el interés de escritores que la consideran como un escenario idóneo para sus historias más originales y sorprendentes, sus desvaríos, amores o conflictos. Sin ser la capital del país, la ciudad Condal atrae las miradas de todo el mundo por su riqueza y proyección cultural, sus iniciativas y su patrimonio. A través de seis obras literarias españolas, descubriremos lo que atesora esta ciudad mediterránea y lo que, finalmente, empuja a escribir sobre ella.
En su novela “La claque”, Juan Miñana retrata una ciudad eminentemente burguesa que a punto está de celebrar su primera exposición universal en 1888. El protagonista principal, un francés adinerado empecinado en recuperar un amor imposible, ha creado una compañía de “aplaudidores” profesionales que da vida a las obras teatrales de la localidad y garantiza sus éxitos. En esta novela muy estética, transluce el cosmopolitismo de la ciudad Condal, su refinamiento y preocupación por el buen gusto. Al puerto marítimo llegan a diario cruceros que esparcen sus viajeros por las ramblas y los barrios cercanos al mar. En su cuadro romántico, el autor habla de una ciudad con rostro cambiante que, en las horas menos concurridas, es el escenario de encuentro de trabajadores, recaderos, carros de abastecimiento y criados. Más adelante durante el día, la zona de las ramblas se convierte en un bulevar elegante para el recreo de una clase muy distinta de ciudadanos.
Ese mismo acercamiento entre dos mundos distintos, Eduardo Mendoza lo describe en su novela “La ciudad de los prodigios” pero con una consonancia mucho más conflictiva. En ella se destaca un joven provinciano, Onofre Bouvila, que llega a Barcelona con la firme intención de mejorar su condición económica y remediar a la ausencia de un padre emigrado a Cuba. Ante la dificultad de encontrar un trabajo, el muchacho integra un grupo de anarquistas que difunde sus ideas revolucionarias en las obras de la primera exposición universal. Más allá de los enormes cambios que conoce la ciudad a finales del siglo XIX (con los avances tecnológicos, las divisiones sociales, los ampliaciones urbanísticas…), el autor describe un aspecto interesante de la relación de Barcelona con el resto del país y más precisamente con la capital. La ciudad Condal aparece en una continua y enredada competición con Madrid. De ella depende muchas decisiones y esa misma dependencia sirve también para cubrir ciertos vacíos o incoherencias locales. Así pues, la ambigüedad de las relaciones es a la vez un problema y una solución según el contexto.
Por otro lado, Carmen Laforet relata en su novela “Nada” (premio Nadal de 1945) la precaria situación de la ciudad tras la guerra civil. Andrea, una joven estudiante recién llegada a Barcelona, descubre el aspecto más desolador de la vida ciudadana y un panorama familiar desazonador. Todo rezuma vacío, soledad, angustia y tristeza en la vida de una joven que perderá a duras penas la ilusión de los primeros días. Nada es lo que parece pero todas las apariencias han de preservarse y pocos son los motivos para el regocijo en la urbe que retrata la autora. La ciudad Condal es la imagen del aislamiento que padece España y, en un contexto de estancamiento y de hambre, prevalece la oscuridad de las calles, la tristeza de los pisos, la suciedad, la violencia y el odio que la protagonista sólo logra olvidar en sus horas de estudios en la universidad. A través de “Nada”, Carmen Laforet transforma Barcelona en la viva ilustración del desengaño y marca el inicio del estilo existencialista en la literatura española.
En la famosa novela de Juan Marsé “Ultimas tardes con Teresa”, la ciudad mediterránea vuelve a adoptar una faceta dualista pero, esta vez, desde la perspectiva de la inmigración sureña y la clase burguesa del barrio de San Gervasio en los años 50. El Pijoaparte, un barriobajero de origen murciano, se enamora de Teresa una joven idealista de familia acomodada. Además de la confrontación geográfica que resalta la vida de unos barrios marginados y otros mucho más holgados, cabe destacar la diferencia ideológica que caracteriza a una época de cierto cambio. Teresa es una joven progre que, gracias a la comodidad que le otorga su círculo familiar, se preocupa por cuestiones revolucionarias mientras que el Pijoaparte se interesa exclusivamente en lograr un ascenso económico dictado por su procedencia social. Asimismo, el pragmatismo de los estratos bajos se enfrenta al idealismo de las clases altas en un encuentro que dejará expuestas las contradicciones e hipocresías de cada uno.
Carmen Matutes retrata en su novela “Círculos concéntricos” los últimos años del franquismo y recrea una Barcelona donde conviven la tradición, las creencias arraigadas y una nueva generación de idealistas que quiere romper con los viejos moldes. Ante el deseo y la presión ejercida por su novia para casarse, Evaristo, un joven estudiante, no sabe cómo resolver su situación y, en un momento de separación, conoce a otra mujer más moderna y progresista. La competencia entre las dos mujeres para seducir al indeciso estudiante pone de manifiesto un interesante conflicto entre modernidad y tradición, pero también enfatiza la resurgencia de una nueva feminidad. La obra de Matutes recoge todos los lugares típicos de la ciudad mediterránea, y de todos ellos destaca el bar: un espacio perfecto para la creación y difusión de rumores, encuentros con amistades de toda la vida e intrigantes desconocidos, peleas y discusiones o simples partidas de dominó y naipes.
Por fin, el dualismo barcelonés entre clases sociales también se acapara del escenario en la novela “Los mares del Sur” de Manuel Vázquez Montalbán pero en un contexto de transición democrática (a finales de los años setenta). Con el estilo que le caracteriza, el detective Pepe Carvalho investiga la muerte de Stuart Pedrell después de que su cuerpo haya sido descubierto en Barcelona cuando, supuestamente, debía encontrarse de viaje a la otra punta del mundo. La obsesión que alimentaba el asesinado por alejarse de la civilización es en realidad elocuente de una frustración de una parte de la clase alta y su necesidad de buscar el paraíso fuera de los límites impuestos por la sociedad materialista. La ciudad Condal se convierte en esta última novela en un escaparate del capitalismo salvaje en el que chocan las clases trabajadoras y las otras más pudientes. Nada es perfecto en una sociedad carcomida por la corrupción, la insolidaridad y la miseria moral.
En cada una de estas obras, Barcelona aparece como una ciudad de mucho prestigio y compleja, que brilla por los conflictos sociales que aúna. Como otras grandes capitales europeas, es una urbe refinada y elegante, monumental y romántica, que busca la excelencia, trata de reinventarse, venderse y mostrar un rostro agradable. En ese marco se inscribe la organización de las dos exposiciones universales y, más recientemente, los juegos olímpicos y el Forum de las culturas. Esta ambición y búsqueda de prestigio son a menudo tildadas de un regionalismo que choca con otras autonomías y en particular con la capital, Madrid, pero, simplemente, son las marcas de identidad de una de las mayores urbes del litoral mediterráneo que aspira a tener y preservar un notable protagonismo en el escenario internacional. Es indudable que todos los sentimientos, las emociones y los hechos históricos que la literatura trata de eternizar adoptan una consonancia más memorable y palpable cuando son descritas en el contexto de una ciudad como Barcelona. De ahí, surgen los conflictos sociales que Marsé, Montalván, Mendoza, Miñana o Carmen Matutes mencionan en sus obras. También es la puerta abierta para un existencialismo como el de Carmen Laforet puesto que la ciudad Condal también puede ser la causa de los mayores desengaños y desilusiones. En definitiva, Barcelona es un escenario ideal para la expresión literaria, el perfecto reflejo de una constante renovación y el claro semblante de una modernidad que abraza lo mejor y lo peor de la humanidad.
La escritura como herramienta de crecimiento personal
Publicado en Euroxpress, Culturamas, Arandahoy y Noticiascadadía [Agosto 2010]
Más allá del papel y de la simple técnica, de las historias más extravagantes y de los Best-sellers, existe una escritura terapéutica y sanadora. Una escritura que ayuda a la toma de decisiones, la concienciación y la construcción del destino que uno se plantea. Esa escritura es la que el editor y escritor Manuel Pimentel describe en su última obra: “El libro de la escritura vital” (Almuzara, 2010). En este ensayo didáctico e inspirador, elaborado sobre la base de conceptos teóricos pero también de vivencias, el autor demuestra que la escritura representa una fuente de enseñanzas, de motivación y espiritualidad para afrontar los grandes retos de la vida. Con esta obra descubrimos que “vivir es escribir tu propia novela”.
Paralelismo entre la novela y la vida misma
Las crisis representan oportunidades de crecimiento y de adaptación. “Muchos maestros han escrito sus grandes obras tras padecer periodos atormentados, que les resultaron, finalmente, manantial de inspiración”. Así lo explica Manuel Pimentel en una obra nacida justamente en esos momentos de la vida en los que uno se cuestiona profundamente y debe tomar decisiones difíciles. En aquel periodo de adversidad que conoció el escritor, la escritura se presentó como un instrumento de superación y de fortalecimiento. “Mientras más lo pensaba, más me sorprendía el paralelismo entre la novela y la vida”, nos explica Manuel Pimentel.
La escritura es el arte de crear nuevos mundos con la palabra, hilvanar historias fantasiosas o realistas. Puede considerarse un modo de vida o, por lo menos, una forma especial de relacionarse con ella. Incluye diversas técnicas, conceptos y fórmulas que, aunque pueda parecer exagerado, se aplican perfectamente a nuestra vida y nos ayudan a enfrentarnos a nuestros mayores retos, sueños o deseos. Somos lenguaje. Expresamos nuestras experiencias a través de él. Somos seres relatadores y construimos nuestra identidad con los relatos que escuchamos en nuestro entorno y otros que creamos. De este modo es cómo se funda nuestra personalidad. Así pues, si perseguimos en esta dirección, es fácil concluir que nuestra vida se asemeja a una novela en la cual podemos (aunque no totalmente) cambiar la trama, los argumentos y los personajes. Los actos de hoy tienen efectos en el futuro y, de la misma manera, el futuro que soñamos configura nuestro presente.
De simple lector a escritor vital
Considerar que la vida es como una novela nos incita a pensar que podemos ser también los héroes de nuestra trama y conquistar los sueños que tenemos desde muy joven. Todos podemos pasar de un estado de pasividad y observación a otro estado de conciencia en el que vamos labrando el futuro deseado. Este concepto de conciencia, que Manuel Pimentel describe como el estado de “escritor vital”, sólo se consigue interiorizando las consecuencias de los actos cotidianos y su impacto en la obra completa. Aunque uno no dispone de todos los elementos para influir en la trama diaria, puede en muchas ocasiones cambiarla y orientarla hacia las metas que se propone. Para ello es necesario observar su entorno, observarse a sí mismo y aplicar ciertas técnicas que el autor nos enumera en su libro.
Tal y como lo recalca Manuel Pimentel, la escritura no es una ciencia exacta y absoluta. Cada escritor tiene su manual, sus costumbres y manías y, además, es imposible tener el control total sobre el mundo exterior. Por eso, el autor insiste en que el estado de escritor vital pasa inevitablemente por aceptarse a sí mismo, luchar siempre por sus sueños y aprender de los errores. La escritura vital supone un cambio de paradigma, algo de positivismo y de esfuerzo, para escribir los mejores capítulos de una novela que depende de cada uno de nosotros. El mundo de la literatura está lleno de casos y conceptos inspiradores que incitan a la realización y al sueño. El gusto por la excelencia y el aprendizaje continuo son algunos de los conceptos que Manuel Pimentel evoca en su ensayo.
Una nueva relación con el entorno
Además de darnos elementos para mejorar nuestra escritura vital, Manuel Pimentel nos invita a relacionarnos de otra manera con el entorno. Las relaciones con los otros “escritores”, tradicionalmente competitivas, deben inscribirse en un marco de crecimiento. “La comparación con los demás es útil si sirve para nuestra mejora”, argumenta el autor. El principal interés reside en superarse a sí mismo. Por otro lado, la relación entre un editor y un escritor han de establecerse sobre un sentimiento de confianza y respeto mutuo. Ambos deben considerar su aventura como un camino compartido en el que también se puede crecer. “Una editorial realiza un trabajo creativo e intelectual, imprescindible para que el libro llegue a nacer. Crea colecciones, selecciona autores, talentos, pule los diamantes en bruto, apoya psicológica y profesionalmente a los que comienzan, les ayuda a mejorar su obra”, comenta el escritor.
En definitiva, se trata de un ensayo repleto de sabiduría y de espiritualidad que nos ofrece una nueva mirada de la escritura. Es obvio que todo puede mejorarse y, usando las herramientas del escritor, la vida también puede perfeccionarse en el día a día para escribir las líneas de una novela única y memorable.
El mal de África: cuando el deseo de volver se convierte en una enfermedad
Publicado en Diario Siglo XXI y Arandahoy [Julio 2010]
África es un continente que enamora y que genera un “deseo de volver” irreprimible para muchos de los que la visitan. A esa enfermedad amorosa se refiere Eduardo Garrigues, ex-embajador en Namibia y Botsuana, con su último libro “El mal de África” (Ed. Martínez Roca, 2010). En él aparecen algunos relatos impactantes de la época en la que tuvo que asumir tareas poco cómodas, como el embarazoso suceso de la devolución de los restos del negro de Banyoles, pero también otros cuentos que describen la belleza de la naturaleza y muchas costumbres locales de los diferentes países que el autor ha podido recorrer en su carrera diplomática. La visión atinada de este hombre “tocado por África” nos permite acercarnos al continente negro con una perspectiva intimista y aventurera, influenciada por otros grandes escritores exploradores como Ernest Hemingway o Joseph Conrad.
El Negro de Banyoles
Entre muchas otras experiencias diplomáticas, Eduardo Garrigues fue testigo de uno de los momentos más tensos en las relaciones entre España y África en los últimos años: la devolución de los restos del “Negro de Banyoles” en 2007. Ese embarazoso roce diplomático nació de la imprudencia de unos taxidermistas franceses a finales del siglo XIX quienes desenterraron el cadáver de un bosquimano para llevarlo a Europa y, luego, taxidermizarlo. Finalmente, “el negro llegó por casualidad al museo Darder de Banyoles”, ha explicado el periodista Jacinto Antón en la presentación, y, desde entonces, el museo fue el foco de severas críticas procedentes de la OUA (Organización para la Unión Africana) que acabaron con la repatriación del cadáver en unas condiciones tensas e inolvidables.
Eduardo Garrigues fue designado representante de España en aquel entonces y tuvo que acompañar los restos del bosquimano hasta Botsuana en un viaje que, aunque ya alejado de la época colonial, ilustraba las tensiones latentes entre Europa y África. “Eduardo tuvo que asumir toda la maldad del colonialismo y aguantar el chaparrón de críticas de las autoridades de Botsuana”, ha destacado Jacinto Antón. De esta situación dramática, nació uno de los relatos que ahora componen la obra “El mal de África”. Su autor asegura que la historia es verdadera en un 99% y que gran parte de las intrigas políticas formadas alrededor del Negro de Banyoles son auténticas. Aún así, “siempre hay una vuelta de tuerca de imaginación”, ha explicado Eduardo Garrigues para reivindicar el carácter literario de su obra.
Fauna y momentos de extremo riesgo
Amante de las cacerías y de la aventura, el autor ha dedicado numerosos relatos a la fauna y los safaris africanos. Entre ellos, cabe destacar un cuento que empieza justo cuando acaba un famoso relato de Ernest Hemingway en el que un animal recibe un disparo. A partir de ahí, describe cómo el impacto de esa bala sacude al propio cazador y cómo se ve afectado por el sufrimiento de su víctima. Más allá de la influencia literaria y de algunas similitudes físicas innegables con el premio nobel americano, Eduardo Garrigues también ha vivido intensos momentos de caza en los que ha podido comprobar que “es relativamente más fácil matar a un león con un rifle que un búfalo”.
Refiriéndose a su pasión por la caza, el escritor también ha revelado algunas anécdotas en las que, por ejemplo, fue considerado por otros embajadores de la zona como un gran cazador cuando, en realidad, poca experiencia tenía. Eso le condujo a estrenarse en nuevos escenarios y situaciones delirantes, a pocos metros de búfalos y leones. “Ocurrió que acabé siendo lo que los demás pensaban que yo era: un cazador experto”, argumenta el escritor haciendo referencia a la influencia que puede tener la percepción de los demás en la identidad de una persona.
El oficio del escritor es uno de los oficios más enigmáticos. Esto se debe en gran parte a que no responde a un perfil claro. Cada escritor tiene su forma de trabajar y de ser, su público y sus objetivos. Las comparaciones entre Henri Miller, Kafka, Dostoievsky o Hemingway nos llevan a modos de vida y escenarios totalmente distintos, gustos y estilos muy marcados. Por estos motivos, interesa conocer a la persona detrás de cada obra. En este artículo, el escritor bogotano Juan Gabriel Vásquez nos explica su percepción del oficio y nos revela algunas anécdotas importantes de su trayectoria.
Leo Coyote: “La novela negra, el género perfecto para enganchar al lector”
Publicado en Diario Siglo XXI, Diariodelasierra.es y El Librepensador [Junio 2010].
La novela negra es el género perfecto para enganchar al lector y hacerle entrar en un mundo misterioso, explica el escritor Leo Coyote tras la reciente presentación de su novela: “Otro día en el paraíso” (Almuzara, 2010). Y ese enganche procede de la naturalidad con la que acontecen los hechos, la facilidad con la cual se exponen las vergüenzas ocultas y los peores vicios. Es como una noticia publicada en un periódico o un culebrón que necesita una conclusión. Por estos motivos, el escritor gallego ha abrazado el género de la novela negra que le permite describir la realidad con crudeza, los escenarios de la calle con realismo, sus personajes más insólitos y dejar rienda suelta a su creatividad.
Una simple anécdota le sirvió a Leo Coyote para escribir su novela “Otro día en el paraíso” y, a partir de ahí, fue recreando e imaginando la vida de una ciudad que conoce muy bien: Barcelona. Con un lenguaje callejero que aporta verosimilitud a la trama, el autor nos hace recorrer las calles del barrio chino y nos presenta las zonas más selectas de Sant Cugat, ciertos de los locales importantes de cada barrio, sus restaurantes y acostumbrados clientes. La prostitución es uno de los artífices de la novela, de ahí nace una historia trepidante en la que, Pulpo, un escritor de novelas de quiosco se ve envuelto en una relación con Paraíso, una prostituta. El universo relativamente ordenado del protagonista se derrumba de repente ante esa mujer. Ella es un poco vulgar, algo atrevida, con unas curvas fascinantes y que sale de una relación complicada. Nada peor para perder el control, sobretodo en la Barcelona más variopinta y desenfrenada.
“La mezcla de estratos aporta interés a la trama”, explica el autor y de esta manera nos revela uno de los aspectos llamativos de su última novela. No sólo contiene elementos policiacos y una trama densa sino también una base social importante. Todos los personajes que describe Leo Coyote (el camarero, el cirujano, el dueño de restaurante, el escritor, la prostituta, etc…) se fundan en perfiles conocidos sobre los que ha sabido crear una historia sólida. Sin duda, su conocimiento de la ciudad y de las situaciones tiene mucho que ver en el resultado final, pero aún así, los elementos autobiográficos son casi inexistentes.
Tal y como lo explica el autor, el título es muy curioso porque, después de haberlo escogido, se dio cuenta que correspondía a una estrofa de una canción de Phil Collins (que él desconocía). La idea le surgió en un viaje a la lejana y cosmopolita ciudad de San Francisco. Allí paseaba tranquilamente cuando, justo delante de un banco, vio a un indigente con un cartel en el que se podía leer: “Another day in Paradise”. En el libro, esta frase sólo aparece una vez en inglés.
Más allá de “Otro día en el paraíso”, Leo Coyote es el autor de varias obras entre las que cabe destacar la novela titulada “Perro flaco” (también publicada con Almuzara) y que recibió muy buena crítica. Por otro lado, el autor nos explica que su próxima novela ya está lista y, muy probablemente, se titulará: “Un invierno para garrapata”. En ella, se describe las 24 horas de la vida de una mujer casada con un gangster del este. La historia se centra en la ciudad de Barcelona y la cercana Castelldefells e integrará, sin lugar a dudas, personajes originales que se desmarcan del clásico marco de la novela negra y de los típicos detectives. Hasta entonces, sólo nos queda disfrutar de su reciente publicación.
Con motivo del bicentenario de la independencia de Sudamérica, varios autores latinoamericanos han compartido sus opiniones sobre uno de los mayores sucesos de la literatura reciente: “El Boom latinoamericano”. La conferencia organizada por la Casa America ha reunido a autores como Gonzalo Celorio, Consuelo Triviño y José Pablo Feinman. Todos ellos han coincidido en que, más de cuarenta años después, este suceso sigue teniendo un efecto notable en la escritura de muchos autores originarios del continente sudamericano.
Publicado en el periódico Diagonal [Diciembre 2009]
El resultado de la trata negrera y de la colonización
“Africa es un continente maldito porque el colonizador lo ha hecho todo muy mal”, ha explicado Eduardo Garrigues volviendo a señalar el caso del negro de Banyoles para ilustrar su argumento. “Llevarse lo mejor de un continente durante cuatro siglos destruye inevitablemente a un continente. Los blancos se llevaron a toda la juventud de África”. Asimismo, el escritor ha señalado que las fronteras impuestas por occidente y la consecuente instalación de una clase privilegiada de autóctonos (representante del poder colonial) también han sido devastadoras.
Comparando el colonialismo español en América con el de Europa en África, el ex-diplomático español ha querido destacar el horror de la colonización africana. “España, por lo menos, ha dejado templos y edificaciones diversas. Sin embargo, no he visto nada de todo esto en África”, ha sostenido el autor. Y ahora, en los tiempos en los que nuevas potencias coloniales se van formando, Eduardo Garrigues comenta que lo curioso del imperialismo chino es su tendencia a explotar los recursos locales de una zona geográfica pero siempre acudiendo a la mano de obra china. “¡Todo es chino! Del asfalto a la mano de obra…”, ha declarado el escritor. Evidentemente, África tiene el poder de hechizar a todos los amantes de aventura pero también y, es quizás lo más doloroso, de llamar la atención de todas las potencias económicas por sus recursos naturales.
Juan Gabriel Vásquez: “Escribir es una pulsión”
Publicado en Culturamas [Junio 2010]
Publicado en Culturamas [Junio 2010]
El oficio del escritor es uno de los oficios más enigmáticos. Esto se debe en gran parte a que no responde a un perfil claro. Cada escritor tiene su forma de trabajar y de ser, su público y sus objetivos. Las comparaciones entre Henri Miller, Kafka, Dostoievsky o Hemingway nos llevan a modos de vida y escenarios totalmente distintos, gustos y estilos muy marcados. Por estos motivos, interesa conocer a la persona detrás de cada obra. En este artículo, el escritor bogotano Juan Gabriel Vásquez nos explica su percepción del oficio y nos revela algunas anécdotas importantes de su trayectoria. Entre el impulso y el esfuerzo racional.
La primera idea que tuvo Juan Gabriel Vásquez con respecto al arte de contar historias era que su aprendizaje había de pasar por París. El motivo es sencillo: en esa gran urbe, la ciudad de las luces, estuvieron muchos de los escritores de la generación perdida. Sin embargo, estando allí se dio cuenta que París no tiene más que lo que uno lleva consigo. “Fue un desencanto”, explica el escritor colombiano porque simplemente, en esa época, no llevaba mucho consigo mismo. No obstante, ya sabía que lo suyo era la escritura. Es algo que ya había demostrado con sólo ocho años al escribir un cuento que luego fue publicado en el anuario escolar.
¿Y qué es lo que conduce a escribir y dejar plasmado en un papel todo aquello que nos rodea o que nos llama la atención? Juan Gabriel responde a esta pregunta con naturalidad: “es una pulsión”. Es algo irracional que no tiene más significado que el de respirar o moverse. La primera fase del escritor no tiene otra explicación que el de querer satisfacer una necesidad primaria, inscrita en su más profundo ser. Luego, cuando el ejercicio se mantiene en el tiempo, el escritor descubre los motivos por los que sigue haciéndolo. Esa concienciación puede ser una simple justificación o racionalización para mantener el primer impulso y extenderlo en el tiempo, así es como lo hacen los artistas y los atletas.
Uno de los motivos para seguir escribiendo es la influencia de la escritura en la sociedad y en los regímenes políticos. “Los escritores jugamos con papel y, sin embargo, es una actividad que puede derrocar a dirigentes. Por eso seguimos”. La denuncia de injusticias, la expresión de otras estéticas y realidades son algunas de las actividades que convierten el primer impulso en acto constante.
La lectura: una forma de multiplicar la existencia.
“Todo escritor empezó como un lector furibundo”, explica el autor colombiano. La lectura es la base de todo esfuerzo literario. A través de ella, se familiariza uno con las principales herramientas de la narrativa, se viaja a otras realidades y se aprende a expresar los sentimientos más profundos. Pero, ¿qué es lo que la transforma en una actividad adictiva e incluso en una obsesión? Según Juan Gabriel Vásquez, el escritor es antes de todo un lector ávido de sensaciones y conocimientos, un explorador en busca de nuevas experiencias. Con la lectura, uno se abre a otras vidas, otras voces, averigua lo que le queda por conocer, redescubre lo que ha vivido y, todo esto, sin ser juzgado. “Al fin y al cabo, es una forma de multiplicar la existencia”, explica Juan Gabriel.
Por otro lado, la lectura es un ejercicio profundamente subversivo. “Leer Ana Karenina es estar en contacto durante semanas con una mente mucho más atenta y crítica que cualquiera”, nos dice el escritor colombiano. A través de los libros se aprende a cuestionar, a indagar en el motivo de los conflictos, en las incoherencias de algunos personajes y de la condición humana en general. Sin embargo, el autor no es un defensor de la lectura como actividad provechosa. No le gustan los programas de incitación a la lectura porque, para él, leer es una actividad eminentemente personal y voluntaria que nace de la necesidad de explorar y vivir.
Metodología e influencias
La literatura puede adoptar distintas facetas, asegura Juan Gabriel. La novela, el ensayo, el periodismo o incluso la traducción son algunas de ellas, siempre y cuando el autor se aleje de las “manías” de cada ejercicio y se empeñe en hacer de ello algo memorable. Si algo caracteriza a la literatura, es que traspasa con más facilidad los límites del tiempo. Es algo duradero. Con ese motivo, es necesario desarrollar métodos que permitan transformar el primer borrador en una auténtica obra de arte y lograr los objetivos de cada escrito.
Las influencias literarias pueden ayudar un escritor en el diseño de la metodología. La tonalidad, el ritmo y las imágenes creadas por grandes figuras permiten orientarse en un proyecto de creación. Así pues, Juan Gabriel reconoce que Gabriel García Márquez no ha tenido mucha utilidad en su obra porque el realismo mágico no servía para lograr sus objetivos. No obstante, Borges, Camus, Conrad o Roth le han aportado una utilidad mucho más sutil. La gran mayoría de los escritores que reconoce como influencia son europeos o norteamericanos, sin embargo, siente una gratitud innegable para con el boom latinoamericano. Lo sigue vindicando. “Nos abrió muchas puertas”.
Lo único que una novela no puede permitirse es reproducir lo que ya sabemos, insiste el escritor. La frescura e innovación de un contenido es crucial a la hora de llamar la atención del lector. También por eso, Juan Gabriel Vásquez se considera como un autor “camaleónico”. Le gusta reinventarse con cada obra, romper con lo que ha aprendido en el libro anterior, para sorprender al lector y, sobretodo, a sí mismo porque lo más importante, sin lugar a dudas, es disfrutar de la escritura.
Tensiones fronterizas en la última novela de José Luis Muñoz
Publicado en Culturamas, el Diariodelasierra.es y el Diario SigloXXI
“Un libro de tensiones fronterizas”. Así es cómo el novelista José Luís Muñoz describe su última obra, La frontera Sur, publicada por Almuzara (2010) y con la cual ha ganado el premio de novela negra Ciudad de Carmona. En ella retrata las enormes diferencias que caracterizan una misma geografía como puede ser la frontera entre la California de Estados Unidos y la baja California en México. Los contrastes económicos, la inmigración masiva, el miedo, el alzamiento de un muro entre dos países, la guerra al narcotráfico y la corrupción son algunos de los elementos que sirven de decorado para una obra que se enmarca en el género que tan bien domina el autor: la novela negra.
La historia nace de una de sus obras anteriores: Lluvia de Nickel (que publicó en el año 2004) y tras un viaje a la ciudad de Las Vegas en la que pudo comprobar la omnipresencia del juego, el gusto por la ostentación y el despilfarro. El personaje principal, Mike Demon, es un agente de seguros acostumbrado a viajar a menudo, que invierte gran parte de su dinero en mujeres dóciles y complacientes, sin esperar más retribución que la del placer inmediato y variado. Típico sureño de Estados Unidos, racista y frío, primario y cerrado con una cierta inclinación por las mujeres exóticas, el hombre cae en su propia trampa y se enamora de una prostituta mejicana que le cambia todos los esquemas: Carmela. Ella tiene algo especial, algo distinto, su inocencia, su pureza y dulzura quizás, elementos que hacen temblar a cualquiera y, sobretodo, al protagonista. Asimismo, Mike Demon se ve envuelto en una historia en la que pierde el control, se deja enredar y cruza otra frontera más lejana y deslumbrante que la simple línea geográfica: la del amor.
La ironía de enamorarse en una casa de citas o de una mujer que cobra por sus servicios nos lleva a centrarnos en esa profesión de alto riesgo y de gran entrega que es la prostitución. ¿Cómo es que aparece en tantas obras de novela negra? ¿Por qué llama tanto la atención? José Luis Muñoz explica que es un negocio habitualmente relacionado con tramas criminales o delincuentes. Por ese motivo, el prostíbulo se ha convertido en un escenario inevitable de las novelas negras en el que se forman relaciones inesperadas, se hacen confidencias o, simplemente, se trata de olvidar la insulsez de una vida rutinaria. Un prostíbulo siempre esconde un chulo, un traficante o una prostituta y de ahí pueden partir las anécdotas más interesantes. Pero más allá de la simple relación con el crimen, el autor reconoce que la prostitución tiene un atractivo literario evidente. “Personas totalmente desconocidas se encuentran y negocian algo tan enigmático como el placer”. Ese puede ser el motivo por el cual la prostitución aparece en muchas otras obras clásicas.
Preguntado sobre lo que ha supuesto para él ganar el premio ciudad de Carmona, José Luís Muñoz comenta que ha ganado en exposición y reconocimiento. “Ganar un premio siempre es importante”, explica él y añade que éste es el primer premio de Novela negra que se le concede pese a tener más de 26 obras publicadas y varios galardones. No es noticia el hecho que el autor se sienta muy cómodo en este género, gran parte de sus obras lo demuestran y le permiten ahora estar en la primera línea española de la novela policiaca. Según él, “la novela negra es la novela social del siglo XXI”. A través de ella, uno puede retratar la cruda realidad de los ambientes más desconocidos, hablar con libertad de los vicios y los ideales de los personajes con tramas novedosas y palpitantes.
Para el que ya haya leído la novela La Frontera Sur, José Luis Muñoz revela que tiene una nueva obra en camino. Tratará esta vez del nazismo y de un doctor prófugo del que se desconoce el paradero. La novela ha implicado una investigación sobre los métodos que empleó para burlar a las autoridades y, sin lugar a dudas, enganchará al lector con la misma facilidad. De momento, la intriga ya está servida.
Leo Coyote: “La novela negra, el género perfecto para enganchar al lector”
Publicado en Diario Siglo XXI, Diariodelasierra.es y El Librepensador [Junio 2010].
La novela negra es el género perfecto para enganchar al lector y hacerle entrar en un mundo misterioso, explica el escritor Leo Coyote tras la reciente presentación de su novela: “Otro día en el paraíso” (Almuzara, 2010). Y ese enganche procede de la naturalidad con la que acontecen los hechos, la facilidad con la cual se exponen las vergüenzas ocultas y los peores vicios. Es como una noticia publicada en un periódico o un culebrón que necesita una conclusión. Por estos motivos, el escritor gallego ha abrazado el género de la novela negra que le permite describir la realidad con crudeza, los escenarios de la calle con realismo, sus personajes más insólitos y dejar rienda suelta a su creatividad.
Una simple anécdota le sirvió a Leo Coyote para escribir su novela “Otro día en el paraíso” y, a partir de ahí, fue recreando e imaginando la vida de una ciudad que conoce muy bien: Barcelona. Con un lenguaje callejero que aporta verosimilitud a la trama, el autor nos hace recorrer las calles del barrio chino y nos presenta las zonas más selectas de Sant Cugat, ciertos de los locales importantes de cada barrio, sus restaurantes y acostumbrados clientes. La prostitución es uno de los artífices de la novela, de ahí nace una historia trepidante en la que, Pulpo, un escritor de novelas de quiosco se ve envuelto en una relación con Paraíso, una prostituta. El universo relativamente ordenado del protagonista se derrumba de repente ante esa mujer. Ella es un poco vulgar, algo atrevida, con unas curvas fascinantes y que sale de una relación complicada. Nada peor para perder el control, sobretodo en la Barcelona más variopinta y desenfrenada.
“La mezcla de estratos aporta interés a la trama”, explica el autor y de esta manera nos revela uno de los aspectos llamativos de su última novela. No sólo contiene elementos policiacos y una trama densa sino también una base social importante. Todos los personajes que describe Leo Coyote (el camarero, el cirujano, el dueño de restaurante, el escritor, la prostituta, etc…) se fundan en perfiles conocidos sobre los que ha sabido crear una historia sólida. Sin duda, su conocimiento de la ciudad y de las situaciones tiene mucho que ver en el resultado final, pero aún así, los elementos autobiográficos son casi inexistentes.
Tal y como lo explica el autor, el título es muy curioso porque, después de haberlo escogido, se dio cuenta que correspondía a una estrofa de una canción de Phil Collins (que él desconocía). La idea le surgió en un viaje a la lejana y cosmopolita ciudad de San Francisco. Allí paseaba tranquilamente cuando, justo delante de un banco, vio a un indigente con un cartel en el que se podía leer: “Another day in Paradise”. En el libro, esta frase sólo aparece una vez en inglés.
Más allá de “Otro día en el paraíso”, Leo Coyote es el autor de varias obras entre las que cabe destacar la novela titulada “Perro flaco” (también publicada con Almuzara) y que recibió muy buena crítica. Por otro lado, el autor nos explica que su próxima novela ya está lista y, muy probablemente, se titulará: “Un invierno para garrapata”. En ella, se describe las 24 horas de la vida de una mujer casada con un gangster del este. La historia se centra en la ciudad de Barcelona y la cercana Castelldefells e integrará, sin lugar a dudas, personajes originales que se desmarcan del clásico marco de la novela negra y de los típicos detectives. Hasta entonces, sólo nos queda disfrutar de su reciente publicación.
La literatura y la emergencia de los entornos de generación web 2.0
Publicado en Diariodelasierra.es y Diario Siglo XXI [Mayo 2010]
Los avances de la tecnología y el acceso generalizado a Internet han cambiado profundamente la industria literaria. Los primeros afectados son las publicaciones académicas especializadas, los suplementos literarios o secciones de cultura en medios impresos que ven cómo el mundo de la web abre la puerta a otros críticos y nuevas vías de promoción. En un acto dedicado a la E-literatura, los escritores Jordi Carrión, Jorge Ferrer y Martín Gómez han analizado el fenómeno de las redes sociales y todo lo que supone la emergencia de los entornos de generación web 2.0.
Los efectos de los blogs sobre la industria literaria
Con la aparición de los blogs, muchos creyeron que surgiría una literatura especialmente destinada a Internet. Aunque algunas publicaciones basadas en experiencias cibernéticas y cruces de mails apoyaron esta afirmación, el escritor de origen cubano, Jorge Ferrer, explica que ese segmento no encontró un lector masivo y quedó reducido a espacios que, hoy en día, no tienen que ver con la literatura. En su inicio, el fenómeno de los blogs parecía que iba a revolucionar el mundo de las letras, cualquiera podía convertirse en un instante en un escritor u opinar libremente sobre las obras que le parecían de especial interés y, no obstante, el Jorge Ferrer considera que ese evento no fue tan rompedor.
Así pues, el autor cubano nos señala una época en la que la literatura vivió notables cambios. En los años 1930, cuando los periódicos empezaban a publicar cartas de lectores y otras colaboraciones en grandes cantidades, Aldous Huxley expresó con un cierto positivismo: “Los progresos técnicos han conducido a la vulgarización de la literatura”. Esta democratización de la información tuvo tantas, o quizás más, repercusiones que la actual revolución de los blogs y, aludiendo al positivismo que demostró Aldous Huxley en su tiempo, Jorge Ferrer se pregunta si estos cambios han sido realmente positivos. “Es evidente que los editores siguen mostrando un desprecio hacia los blogs”, añade el autor si bien reconoce que existe un cambio de tendencia (sobretodo con la publicación de un libro de Francisco Casavella en el que se recopilan ciertos escritos sacados de su blog).
La figura del escritor en el mundo del web 2.0
“Facebook es el avance político del blog”, expresa el escritor catalán Jordi Carrión para describir un universo en el que se dialoga con una comunidad de amigos sin temer la acción de un “terrorista” como puede ocurrir con los blogs. Ya no sólo se trata de informar o analizar. En la famosa red social, el fin inmediato es llamar la atención con un comentario divertido, ofensivo o incluso depresivo. De esta forma, llegan a publicarse diariamente miles de comentarios que caducan en breves minutos y de ahí surge una diferencia importante con los blogs que suelen ser menos efímeros.
Sin lugar a dudas, el mayor avance reside en que, con las redes sociales y el fenómeno de los blogs, los escritores se han acercado a sus lectores. Ahora, pueden compartir ideas pero también, y sobretodo, auto-promocionarse. Facebook es una herramienta indiscutible de venta en la que el ponente colombiano Martín Gómez resalta el desvío de ciertas editoriales que pagan a individuos para divulgar información en las redes respecto a sus obras. También subraya que el número de publicaciones anuales (más de 70.000) y la saturación de información causada por Facebook hacen inevitable la presencia de consejeros. “Necesitamos más que nunca editores y periodistas que nos orienten entre tantas publicaciones”.
Por su lado, y dentro de esta nebulosa muy difícil de evaluar, Jordi Carrión ha elaborado siete arquetipos para describir los escritores presentes en Facebook. Primero destaca al agitador, un escritor que promueve el debate con comentarios provocadores. Luego el escritor asistémico (que no ha reflexionado sobre su estado y cree verdaderamente en la espontaneidad), el metódico (un escritor que sólo difunde un cierto tipo de información), el escritor que actúa como persona común y corriente (sin importarle la respetabilidad), el escritor virtual (muy activo en la red pero que no tiene nada publicado), el “digital native” (que ha crecido con las redes y habla explícitamente de su vida privada) y, por fin, el escritor metamediático (que escribe reflexiones existenciales en su estado). Más que una simple clasificación, los perfiles creados por el autor catalán señalan un cambio notable en el oficio del escritor que, ahora, se ha convertido en una figura pública.
Sin lugar a dudas, el mayor avance reside en que, con las redes sociales y el fenómeno de los blogs, los escritores se han acercado a sus lectores. Ahora, pueden compartir ideas pero también, y sobretodo, auto-promocionarse. Facebook es una herramienta indiscutible de venta en la que el ponente colombiano Martín Gómez resalta el desvío de ciertas editoriales que pagan a individuos para divulgar información en las redes respecto a sus obras. También subraya que el número de publicaciones anuales (más de 70.000) y la saturación de información causada por Facebook hacen inevitable la presencia de consejeros. “Necesitamos más que nunca editores y periodistas que nos orienten entre tantas publicaciones”.
Por su lado, y dentro de esta nebulosa muy difícil de evaluar, Jordi Carrión ha elaborado siete arquetipos para describir los escritores presentes en Facebook. Primero destaca al agitador, un escritor que promueve el debate con comentarios provocadores. Luego el escritor asistémico (que no ha reflexionado sobre su estado y cree verdaderamente en la espontaneidad), el metódico (un escritor que sólo difunde un cierto tipo de información), el escritor que actúa como persona común y corriente (sin importarle la respetabilidad), el escritor virtual (muy activo en la red pero que no tiene nada publicado), el “digital native” (que ha crecido con las redes y habla explícitamente de su vida privada) y, por fin, el escritor metamediático (que escribe reflexiones existenciales en su estado). Más que una simple clasificación, los perfiles creados por el autor catalán señalan un cambio notable en el oficio del escritor que, ahora, se ha convertido en una figura pública.
Identidad e independencia en la literatura latinoamericana
Publicado en el periódico Diario SigloXXI
En un acto literario dedicado al bicentenario de la independencia de los países de América Latina, la escritora colombiana Consuelo Triviño ha presentado las distintas problemáticas a las que se enfrenta el escritor latinoamericano. La autora de novelas como “La semilla de la ira” o “La isla en la Luna” ha evidenciado la necesidad de reflexionar sobre el concepto de la identidad y la relación del autor latinoamericano con el mercado español.
¿Debe existir una literatura latinoamericana?
Cuando algunos intelectuales reflexionan sobre si la independencia de la literatura latinoamericana nació junto con la independencia política de Sudamérica, Consuelo Triviño va más allá y se pregunta si debería existir una literatura latinoamericana. Aunque pueda parecer algo sorprendente, o por lo menos algo extraña, esta pregunta tiene su fundamento. Dentro de la literatura hispana, existe una separación entre literatura española y literatura latinoamericana que la autora considera “poco operativa”. Esto no ocurre, por ejemplo, en la lengua inglesa donde un escritor norteamericano o un escritor sudafricano (como J.M. Coetzee) son considerados como legítimos integrantes de la literatura inglesa. Tampoco ocurre con la literatura francesa o alemana.
La separación, que Consuelo describe como problemática, conlleva otras preguntas a las que tiene que enfrentarse el escritor. Así pues, ante la ardua tarea de promoción y de difusión de la obra, el autor latinoamericano debe reflexionar sobre cómo ha de presentarse ante el público. Muchos escritores son tentados por la idea de disimular su lugar de nacimiento para evitar una posible catalogación y así acercarse a un público más amplio. De esta forma, consideran que evitan los estereotipos o las asociaciones que les puedan perjudicar. También existen autores que rehúyen de la etiqueta de “autor latinoamericano” porque quieren romper con los tópicos y tocar otros temas que no sean la del dictador, el telurismo o el realismo mágico. Como explica Consuelo Triviño, “se quieren distanciar de la fórmula del realismo mágico, pero no del realismo como movimiento o estética”.
“La identidad es una ficción. No es una realidad”.
Ante esa clasificación que suscita vivas emociones o recelos, debemos preguntarnos qué significa realmente ser un escritor latinoamericano. Para Consuelo Triviño, la respuesta depende de dónde se formula. “Hubo un momento en que ser un escritor latinoamericano equivalía a ser [como] Cortázar, Gabriel García Márquez o Vargas Llosa. Es decir prestigio. Sin embargo, ahora, los autores latinoamericanos más jóvenes se enfrentan a otros prestigios y tienen que competir en el mercado con Pérez Reverte o Luis Zafón, es decir el Star System del mercado”. Semejante competencia obliga a plantearse distintas cuestiones de estilo que tienen que ver con el marketing e invitan a alejarse de los tópicos o escribir en un castellano más estándar para ampliar la audiencia y evitar las etiquetas.
Sin lugar a dudas, esta situación se estriba de una dependencia relativa. Como bien describe la autora colombiana, la industria editorial española tiene sus sellos en distintos países de América Latina que editan a los autores latinoamericanos con los mismos criterios comerciales que se imponen en España. Los autores que no entran en estos criterios se quedan fuera. Aún así, Consuelo destaca la existencia de una literatura hispanoamericana publicada en editoriales pequeñas que mantienen una actividad destacable e nos hace reflexionar sobre la siguiente cuestión: ¿Acaso el auténtico autor latinoamericano es el que publica en los pequeños sellos y evita así los severos criterios impuestos por la industria? Más allá de los estereotipos, Consuelo Triviño explica que ser un autor latinoamericano no depende tanto de los temas que se elijan. Borges, por ejemplo, es, para ella, el prototipo de escritor latinoamericano por excelencia. “Tocó absolutamente todos los temas. Su primer libro se titula Fervor de Buenos Aires. Hay en él una vocación universal y aspiración del escritor latinoamericano a tocar distintos temas y distintas culturas”.
Con todo esto, queda claro que la identidad del autor latinoamericano no es fácil de resolver. Esta dificultad puede deberse a la pregunta formulada al principio –¿Debe existir una literatura latinoamericana?– y al hecho que, como bien argumenta Consuelo Triviño, “la identidad, esa palabra tan antipática, también es una ficción. No es una realidad”.
Una mirada al boom de la literatura hispanoamericana
Publicado en el periódico Diario SigloXXI y Canal-literatura [Mayo 2010]
Con motivo del bicentenario de la independencia de Sudamérica, varios autores latinoamericanos han compartido sus opiniones sobre uno de los mayores sucesos de la literatura reciente: “El Boom latinoamericano”. La conferencia organizada por la Casa America ha reunido a autores como Gonzalo Celorio, Consuelo Triviño y José Pablo Feinman. Todos ellos han coincidido en que, más de cuarenta años después, este suceso sigue teniendo un efecto notable en la escritura de muchos autores originarios del continente sudamericano. ¿Cómo nació el boom de la literatura latinoamericana?
A menudo se dibuja el boom de la literatura latinoamericana como un evento súbito que revolucionó las bases de un estilo gracias a la aparición de autores tan insignes como Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa. Sin embargo, el escritor Gonzalo Celorio subraya que el boom empezó unos años antes. Ya en los años 40 y 50, autores como Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier habían creado las bases de un realismo mágico que fascinó al mundo entero. Por estos motivos, el autor mejicano describe el boom latinoamericano esencialmente como un fenómeno editorial o comercial, alimentado por el desarrollo de un importante mercado nacional.
Por su lado, el autor argentino José Pablo Feinman ha expresado que el boom de la literatura latinoamericana tuvo mucho que ver con la revolución cubana. Según Feinman, América se volvió muy interesante para Europa a raíz de este evento. De esta forma, el autor argentino conecta directamente la historia con la literatura y refuerza la teoría de un “cóctel” que abarca muchos factores, tanto políticos como económicos y literarios. “Ahora, esperamos otra revolución para que se produzca otro boom”, comentó irónicamente José Pablo Feinman.
Efectos y repercusiones del boom
Según la autora colombiana Consuelo Triviño, “el boom favoreció mucho la conexión del público español con Latinoamérica porque abrió la puerta a realidades distintas, nuevas sonoridades y nuevos temas”. Gracias a ese auge y al mayor reconocimiento, se intensificó la relación de los autores hispanoamericanos con el mercado editorial. Asimismo, la autora destaca que los años que siguieron el boom fueron marcados por una literatura con aspiraciones universales que apostaba por una simple renovación técnica. No obstante, Consuelo Triviño recalca que, “desde los años 90, los escritores se empeñan a alejarse de los tópicos del boom, sobretodo de la fórmula del realismo mágico”. Algo tiene que ver con la teoría del espejo y de los estereotipos, es decir del rechazo a un estilo que les puede estigmatizar.
Según la autora colombiana Consuelo Triviño, “el boom favoreció mucho la conexión del público español con Latinoamérica porque abrió la puerta a realidades distintas, nuevas sonoridades y nuevos temas”. Gracias a ese auge y al mayor reconocimiento, se intensificó la relación de los autores hispanoamericanos con el mercado editorial. Asimismo, la autora destaca que los años que siguieron el boom fueron marcados por una literatura con aspiraciones universales que apostaba por una simple renovación técnica. No obstante, Consuelo Triviño recalca que, “desde los años 90, los escritores se empeñan a alejarse de los tópicos del boom, sobretodo de la fórmula del realismo mágico”. Algo tiene que ver con la teoría del espejo y de los estereotipos, es decir del rechazo a un estilo que les puede estigmatizar.
Por su lado, José Pablo Feinman ha expresado con su estilo más irreverente que el boom arruinó las posibilidades de muchos escritores. Así pues, Gabriel García Márquez y Vargas Llosa se transformaron de repente en auténticas apisonadoras que impusieron su sombra a todos los demás autores latinoamericanos. Si bien no se puede culpar a los grandes maestros por su rotundo éxito, la intervención del autor argentino ha reflejado el todavía increíble prestigio de una generación que será para siempre conocida por su impacto universal.
Letras africanas: la notable dependencia de los autores africanos
Bajo la iniciativa de Casa África, la escritora marfileña Tanella Boni ha presentado en una conferencia sobre las letras africanas su primera obra traducida al español (“Los negros nunca irán al paraíso”, Ediciones El Cobre) y ha destacado la ambigüedad de las relaciones entre África y Europa. Es la segunda vez que Tanella acude a la Ciudad Condal y, con notable entusiasmo, ha agradecido la labor emprendida por ciertas organizaciones locales para rescatar obras africanas y contribuir a su difusión.
La ambigüedad de las relaciones entre África y Europa
Desde pequeña Tanella Boni ha crecido en un mundo multilingüistico y multicultural, escuchando a personas que tienen tantas cosas que decir y con diferentes acentos. Nunca ha hablado demasiado, así lo reconoce ella, pero la riqueza cultural de su país (Costa de Marfil) la ha conducido a expresar sus sentimientos con la poesía y, más tarde, con la prosa. “Viene del mundo del silencio”, ha explicado la autora y ante el misterio de sus palabras ha aclarado que ese silencio es una fuente de creación. Ella puede pasar horas enteras sin pronunciar una sola palabra, un día entero sin comunicar con el exterior, y de ahí surgen las imágenes más puras que luego utiliza en sus obras.
El silencio al que alude Tanella Boni también puede concebirse como una cortina de humo que separa a dos continentes. La incomprensión y la ambigüedad son los adjetivos que utiliza para describir las relaciones históricas de África y Europa. Nunca se sabe lo que se puede esperar de las potencias europeas, comenta ella. Nunca se sabe lo que esconden los actos más anodinos. En su primera novela traducida al español, las relaciones entre los dos continentes se ven reflejadas en el viaje de un francés originario de La Rochelle que desea conocer a África. Ese viaje es siempre muy confuso, a veces angustioso, y no se entiende lo que el protagonista quiere hacer, si desea ayudar al continente, disfrutar del momento o lavar su consciencia. Además, el protagonista es tan incomprensible como puede ser su actividad cambiante: el hombre asimila los papeles de cura, profesor y trotamundos que los lugareños no saben cómo interpretar.
El dilema de la edición y la necesidad de un público en África
El problema de Tanella Boni siempre ha sido la publicación. Así por lo menos lo ha expresado ella cuando ha concretado las ambigüedades que existen entre África y Europa. De la quincena de obras que tiene publicadas, sólo una de ellas lo ha sido en su país natal. El resto se ha editado en Francia, país por el cual ha de pasar obligatoriamente debido a la debilidad del sector editorial africano. Esta dependencia va mucho más allá de los idiomas europeos a los que muchos autores se ven obligados de recurrir por exigencias editoriales, sino por la misma esencia de sus escritos. Las dos grandes editoriales que controlan el mercado en Costa de Marfil son sucursales del gigante Hachette y, por lo tanto, reproducen las políticas y los criterios de publicación ya establecidos en Europa.
El problema de Tanella Boni siempre ha sido la publicación. Así por lo menos lo ha expresado ella cuando ha concretado las ambigüedades que existen entre África y Europa. De la quincena de obras que tiene publicadas, sólo una de ellas lo ha sido en su país natal. El resto se ha editado en Francia, país por el cual ha de pasar obligatoriamente debido a la debilidad del sector editorial africano. Esta dependencia va mucho más allá de los idiomas europeos a los que muchos autores se ven obligados de recurrir por exigencias editoriales, sino por la misma esencia de sus escritos. Las dos grandes editoriales que controlan el mercado en Costa de Marfil son sucursales del gigante Hachette y, por lo tanto, reproducen las políticas y los criterios de publicación ya establecidos en Europa.
La autora dice que nunca ha sido “muy política”. Lo suyo es la literatura, la expresión de los sentimientos, y sin embargo, sus planteamientos no escapan del yugo de las relaciones entre África y Europa. A veces ella se pregunta si los escritores africanos son realmente reconocidos en Europa. También alude a otra dura realidad: “si los escritores no escriben en Francia o Europa, no son nada. No se nos ve y tampoco somos conocidos”. Por todos estos motivos, Tanella Boni ha mostrado su alegría de ver, por primera vez, una de sus obras traducida al español y de contar con un nuevo público que, aún sin ser africano, desea conocer al gran continente negro.
El mundo mágico de Mia Couto
Publicado en la revista literaria Ariadna-rc [Marzo 2010]
Los grandes autores de ficción se diferencian por el mundo que recrean y el lenguaje que emplean, se destacan por el impacto y la magia de sus imágenes, la sutileza de sus palabras y la crudeza de la realidad a la que aluden. Mia Couto es uno de esos escritores lusoparlantes que no dejan indiferentes, que enganchan y atrapan al lector con un mundo repleto de hechizos, anacronismos, atavismos, sueños, recelos y contradicciones.
Su producción literaria, ya muy extensa y reconocida especialmente en el país vecino, Portugal, nos abre los ojos sobre un mundo que desconocemos y al que sólo nos solemos referir, aquí en Europa, con breves reportajes televisivos que describen su triste situación. Mozambique, el país en el que Mia Couto nació en 1955, es la piedra angular sobre la cual edifica su obra. Todos los hombres, las mujeres, los animales, las costumbres y los problemas que describe son de allí, nutren un especial nexo con la tierra, comparten creencias milenarias y visiones misteriosas, y, increíble paradoja y apreciable curiosidad de la literatura, parecen tan cercanos de nosotros a la vez y muy comprensibles. Los personajes de Mia Couto sufren y sueñan con un lenguaje místico, casi lírico, y sus comentarios suenan como a música armoniosa que, no obstante, contiene tanto sufrimiento y sabiduría.
La prosa del autor es única. Se construye de forma entrecortada con numerosas expresiones misteriosas, imágenes humorísticas, e incluye una cantidad apreciable de neologismos que aportan viveza y ligereza al texto. La ironía es constante porque, finalmente, Mia Couto es un autor crítico y social, que describe el calamitoso efecto de las guerras y las bajezas del comportamiento humano. Aún así, sus escritos se dejan leer como si fueran comedias, enganchan al lector con el humor de sus diálogos y la agudeza de sus comparaciones. Su lenguaje vivo y cambiante, eficaz y atractivo, es cautivador en todos los aspectos, no sólo por las ideas que evocan sino por las otras realidades que despierta en el lector. El mundo de Mia Couto no sólo se rige en una dimensión: entrelaza distintos universos que comunican entre ellos, que se alegran o se avergüenzan de las acciones de los otros y que buscan, constantemente, un equilibrio. Así es como muertos y vivos, hombres y animales, ancianos y jóvenes, objetos y elementos indecibles, se relacionan, se observan, se quieren o se odian, y todo esto en un mundo narrativo que trata de dar, sin encontrarlo, un significado a todos estos desencuentros. En sus obras, Mia Couto denuncia la absurdez de las guerras, reflexiona sobre la injerencia de otros países, se indigna del efecto de la colonización pero con una sutileza y un sentimiento extraordinarios.
La primera de sus novelas, “Tierra Sonámbula”, describe un país devorado por la guerra. Un país en el que el paisaje se mueve solo, se desplaza lentamente en busca de una paz ilusoria. Los personajes confunden el pasado con el presente, desconocen el significado de la paz, viven constantemente bajo la dura realidad de la muerte y el hambre lancinante que les impide pensar y expresar sus sentimientos. Sin embargo, el amor y la ternura siempre sobreviven. Se refugian en lugares inesperados y representan la única esperanza de un mundo en el que el tiempo parece detenerse. Con esta novela, Mia Couto firma una obra magnífica que relata la infamia de la guerra y la humanidad de los inocentes que la padecen. Por otro lado, en “El último vuelo del flamenco”, otra de sus destacables novelas, Mia Couto se refiere a un país paralizado y destruido por un conflicto que nadie sabe interpretar. Con unos cascos azules impotentes y representantes de una segunda colonización, la paz se vuelve tan, o más, absurda que la guerra. Los dirigentes políticos, todos corruptos y distanciados del pueblo, aprovechan el hambre de su población, la movilizan en las calles, para incentivar las donaciones y perpetuarse al mando. Todo es aprovechable y todo es vendible, hasta la dignidad.
El denso mundo de Mia Couto es uno de esos pocos que descuellan por su crudeza y su magia, que seducen e indignan a la vez. Es un universo filosófico y pragmático. Todo es posible, todo es creíble, porque, según una creencia que lo caracteriza: “Los hechos sólo son verdaderos después de ser inventados”.
El Caribe en la literatura universal: mitos y realidades
Publicado en la revista literaria Ariadna-rc [Febrero 2010]
Lugar exótico y suficientemente lejano para suscitar sueños de eterna felicidad, el Caribe es a menudo considerado como un destino paradisiaco, ajeno a las guerras, al efecto del capital y de las peores vicisitudes de Occidente. Esta imagen se ve reforzada por los anuncios de las agencias de viaje, a las vacaciones de muchos famosos o los relatos de conocidos que regresan con aires nostálgicos. En resumidas cuentas, los mitos del pasado y la idea de un Eldorado eterno se reproducen en nuestras mentes sin ser cuestionados. Pero, ¿cómo se describe a este lugar en la literatura universal? En este artículo analizamos las representaciones de cuatro escritores que han dedicado una parte importante de su obra a captar esa luz única y deslumbrante del Caribe.
V.S. Naipaul, premio nobel de literatura 2001, describe en su obra “Miguel Street” una calle humilde de la isla de Trinidad que le vio nacer y recrea un periodo de la segunda guerra mundial en el que los estadounidenses aparecen como invasores y héroes a la vez. Todo acontece bajo el ritmo acompasado y melodioso de los calipsos, una música típica de la isla, que recogen todos los dramas de sus habitantes: mujeres que dejan a sus maridos después de haberles robado todo, hombres rabiosos en busca de sus mujeres desaparecidas, mujeres que necesitan a hombres responsables para formar familias estables o la insostenible competencia de los yanquis en los líos amorosos.
En la isla caribeña de Naipaul, el tiempo pasa con una lentitud inexplicable y los personajes que la representan son todos almas misteriosas que se encierran en situaciones sórdidas, se complacen con destinos sencillos, hacen “lo que no tiene nombre”, venden poemas por las calles o tienen la costumbre de salir al umbral de sus casas con un vaso de ron por la mañana. El ron es más que un elemento básico, es un símbolo identitario que une y divide, que ambienta muchas fiestas pero que también destruye matrimonios. La isla de Trinidad que pinta Naipaul también es un lugar en el que confluyen las costumbres de diferentes etnias, la india, la afro y la británica, creando así un escenario excepcional y casi esperpéntico. La influencia de Estados Unidos, con sus modas y su estilo liberal, se entremezcla con el tradicionalismo de la India, sus castas y sus creencias, en un cóctel cuyo sabor es único.
No todo es alegría en el Caribe del premio nobel pero tampoco es un drama. La gente aprovecha la mínima ocasión para hacer huelgas interminables, los chinos son dueños de numerosas tiendas, la corrupción carcome el cuerpo policial, hombres y mujeres demuestran su creatividad a través de tacos novedosos y siempre más atrevidos, los predicadores protestantes pululan en todas las esquinas, los indios salen a la calle con sus dhotis para leer el ramayana, las parejas se rompen y vuelven a unirse sin que esto tenga demasiada importancia porque la vida sigue con la misma tranquilidad.
No todo es alegría en el Caribe del premio nobel pero tampoco es un drama. La gente aprovecha la mínima ocasión para hacer huelgas interminables, los chinos son dueños de numerosas tiendas, la corrupción carcome el cuerpo policial, hombres y mujeres demuestran su creatividad a través de tacos novedosos y siempre más atrevidos, los predicadores protestantes pululan en todas las esquinas, los indios salen a la calle con sus dhotis para leer el ramayana, las parejas se rompen y vuelven a unirse sin que esto tenga demasiada importancia porque la vida sigue con la misma tranquilidad.
Por otro lado, el Caribe que relata Gabriel García Márquez en su obra “El amor en los tiempos del cólera” alude a un mundo alejado y decadente de finales del siglo XIX, un universo profundamente romántico, cuyo resplandor se mide en las pasiones y los desencuentros de sus protagonistas. Los tiempos del cólera sirven de contexto para describir una sociedad estancada en su crecimiento, pendiente de los progresos de la Europa floreciente que van llegando a cuenta gotas, como regalos comprados en un crucero, y de las maravillas de su iluminación. Los atavismos que conforman este estancamiento proceden de una notable inestabilidad política, continuas guerras que dividen su población, discriminaciones raciales legadas de la colonización y de la esclavitud, mitos y supersticiones que eluden el cuestionamiento de las costumbres ancestrales. Los retos a los que se enfrenta la sociedad caribeña en la obra de Gabriel García Márquez ya han sido superados exitosamente por los europeos treinta años antes y las personas que representan la esperanza, los futuros doctores y negociantes, son estudiantes de reconocida trayectoria en el Paris de “La belle Epoque” y Londres.
El romanticismo es uno de los principales elementos que el autor rescata de aquella sociedad y lo expresa con las cuantiosas descripciones de la ciudad colonial, retratando sus vericuetos empedrados, sus músicas y flores, sus balcones de madera oscura, sus muchachas con sombrillas de colores y volantes de muselina. Además, y refiriéndonos ahora a su gente, el Caribe es el escenario de encuentros entre personas que “aman con una pasión sin sentido”, “aman el mar y el amor” sin límites de espacio o de tiempo. La fuerza de los sentimientos, quizás potenciados por la calidez del clima, es infinita, abrasadora e incontenible, y somete la gente a situaciones extremas, a veces humillantes o desoladoras. El amor es incluso descrito como una enfermedad que debilita el pulso, provoca sudores pálidos dignos de los moribundos y afecta la respiración hasta transformarla en una respiración arenosa. Los síntomas del amor son tan grandes como los del cólera y con esto, Gabriel García Márquez nos invita a reflexionar, de forma alegórica, sobre lo que realmente se acapara de la cotidianidad caribeña: ¿el amor o el cólera? En esta pregunta, el cólera puede ser concebido como cualquier daño que asola la sociedad caribeña: la corrupción, el despotismo o la inestabilidad. Por otro lado, el amor omnipresente convive con una intransigencia natural y un padecimiento impuesto por los padres que obligan a sus hijos, con total autoridad, una repetición viciosa de su propia historia. Los que sufren de un amor impuesto son los que acaban imponiendo a sus hijos un amor igual de intransigente y totalitario.
Más allá de la fuerza de las pasiones y de los síntomas de una enfermedad destructora, el autor colombiano nos narra también las costumbres fuertemente arraigadas de las zonas costeras, como las peleas de gallos en los patios, las músicas de acordeones en las esquinas y las enormes parrandas que entretienen a un pueblo hospitalario y fiestero.
Otra concepción interesante y peculiar del Caribe es la del famoso escritor cubano, Alejo Carpentier. Su prosa densa reconstruye en la novela “Los pasos perdidos” una ciudad de la cuenca del Caribe en medio de un paraíso terrenal, cerca de pueblos milenarios y de una vegetación riquísima que, por sus atributos, podría referirse a cualquier lugar de latino-América. Su enfoque indaga en las raíces del pueblo americano, en la definición de su identidad, y destaca la cercanía de la naturaleza, la existencia de culturas, muy a menudo ignoradas, que conviven en armonía con el medio ambiente. Es, según el autor, la tierra de los pueblos que hacían sonar antiguamente “el bastón-tambor y la jarra funeraria”.
También nos habla de un mundo de extremos y de desconciertos en el cual nunca son suficientes los desagües para luchar contra las lluvias de abril, los vehículos son arrastrados por los diluvios a otros barrios y se extravían en callejones ciegos. La naturaleza se impone a todo y el esfuerzo del hombre que anhela vivir en una ciudad moderna ha de ser constante para neutralizar sus efectos. Algo indecible, la combinación quizás de la naturaleza y del clima, genera cambios imprevistos y alteraciones que complican la vida de los habitantes. Sin la menor explicación posible, los aparatos de precisión nuevos de una empresa se desajustan, las ampolletas de suero de un hospital amanecen llenas de hongo, y, como siempre ha de haber un culpable, la población señala “al gusano” como responsable de todos estos acontecimientos. Ese gusano misterioso se describe como un ser ambiguo, nacido del lenguaje local, que se refiere a todo lo innombrable y a todo lo inexplicable. En la obra de Alejo Carpentier, los habitantes consideran también al gusano como el causante de los innumerables golpes de Estado y las súbitas revoluciones, como si el miedo a hablar o la relativa indiferencia les impidieran manifestar claramente sus problemas para solucionarlos.
Aunque lo haga con una tonalidad más ponderada y un estilo menos sorpresivo, la perspectiva maravillosa del escritor cubano se asemeja a la de Gabriel García Márquez y recrea un mundo en el que lo cotidiano puede ser magia y la realidad brilla por su irracionalidad.
Aunque lo haga con una tonalidad más ponderada y un estilo menos sorpresivo, la perspectiva maravillosa del escritor cubano se asemeja a la de Gabriel García Márquez y recrea un mundo en el que lo cotidiano puede ser magia y la realidad brilla por su irracionalidad.
Con una prosa directa e vibrante, José María Mendiluce dibuja a un mundo aislado e incomunicado, corrompido por el turismo occidental, viciado por los excesos de unos visitantes que sólo conciben placeres y beneficios inmediatos. Inspirado por su experiencia en Costa Rica, el autor español expone en su obra “Pura vida” un Caribe insólito, un triste ensamblaje de dominantes y dominados, invasores y desterrados, en el que conviven dos estilos de vida incompatibles: por un lado, el hedonismo occidental y, por otro, el ostracismo indígena. En ese cuadro oscuro, resalta el duro destino de la negritud y la crueldad de la raza blanca, y coexisten dos idiomas (el español, lenguaje oficial, y el inglés traído por las minorías negras oriundas de Jamaica).
La incomunicación persiste pese a la modernidad porque los avances económicos sólo benefician a ciertos polos minoritarios. La perspectiva de Mendiluce insiste en el dolor, se agarra al malestar, pero deja entrever un deseo inapagable de felicidad y la profundidad de los sentimientos de su gente sincera y abierta. El Caribe de Mendiluce descuella por su ambivalencia, sus conflictos internos y su doble-personalidad.
Lejos de ser el lugar paradisiaco que cultivan los medios occidentales, la zona Caribe se ilustra en la literatura como un compendio de imágenes de sufrimiento, desigualdades e injusticias que, sin embargo, genera esperanza y alegría por su diversidad, su humor pícaro y atrevido, su ritmo musical endiablado y su riqueza biológica. Es una fuente de inspiración, un lugar de reposo, el centro de muchos debates y de intereses económicos, y de cuestionamiento para todos los escritores, desde Hemmingway, pasando por Aimé Césaire, Frantz Fanon, Gabriel García Márquez, Zoe Valdés y hasta V.S. Naipaul. Para muchos occidentales, simboliza una puerta de escape, una forma de aparcar la cotidianidad y alejarse de los problemas. Ya no es la fuente de riquezas de antaño, el Eldorado que cultivaron conquistadores y filibusteros, pero sigue siendo un Eldorado intelectual, un universo que une los extremos, el sufrimiento y la felicidad, con un extraño sabor a armonía. Del Caribe nacen las mejores y peores cosas, las más impactantes y cautivadoras obras porque, pese a todos los males, el Caribe es un inagotable manantial de sentimientos, pasión y amor por la vida.
Una mirada al anticlericalismo de Blasco Ibáñez
Si un autor ha de ser destacado por su militancia y la clara expresión de sus ideales en su obra novelesca es, sin ningún lugar a duda, Vicente Blasco Ibáñez. Sus marcadas ideas republicanas, estribadas de un laicismo inspirado en el modelo francés, le han seguido en gran parte de sus repetidos exilios, han aparecido en muchas de sus obras literarias y siguen siendo hoy centro de numerosos debates. Entender el anticlericalismo de Blasco Ibáñez es acercarse a la realidad de la España de principios del siglo XX, todavía conmocionada por el desmantelamiento de sus colonias, divida entre republicanos y monárquicos, anclada en un estancamiento económico que contrasta con el crecimiento de sus vecinos europeos.
Si bien en la novela “El Papa del mar” el autor hace referencia a las luchas de poder que carcomen la institución religiosa, es en la novela “La Catedral” (publicada en 1903) que desvela sus más mordaces y severas críticas. En ella aparece un activista político, debilitado y cercano a la muerte, que busca en la Catedral de Toledo un refugio tranquilo para pasar los últimos días de su vida. Como el mismo autor, el activista, Gabriel Luna, comparte las experiencias de un exilio en Francia y Estados unidos, la pasión por la difusión de los valores republicanos y su actividad política clandestina que hacen inevitable asociar directamente su discurso con el de Blasco Ibáñez. El diálogo que mantiene con algunos clérigos y trabajadores de la iglesia, siempre sustentados en la experiencia del personaje y una retórica panfletista, son tan revolucionarios que acaban espoleando el personal a la rebeldía y a la insumisión, pero más impactante son todavía algunas de las revelaciones de los sujetos de la catedral que acaban rechazando un falso discurso impuesto por la Iglesia.
Entre las grandes críticas dirigidas a la Iglesia católica, Blasco Ibáñez insiste a menudo en su alianza con los máximos poderes y los lazos estrechos que mantiene con la monarquía, yendo incluso a hablar de la servidumbre de los monarcas de España. Sobre esa relación duradera de intereses (establecida en los tiempos de la Inquisición) se funda también el anti-monarquismo del autor, muy virulento y alimentado por el republicanismo francés. El periodo de fanatismo e intransigencia religiosa que supone la Inquisición es, según Blasco Ibañez, el principal causante del inmovilismo de la España de principios del siglo XX. Por eso, como activista político y en el contexto de una Europa en pleno movimiento, sus críticas se dirigen hacia ese clericalismo representativo de un orden vetusto y opresivo. A través de su protagonista principal, el hombre subraya que “los pueblos que han roto con el Pontificado, volviendo para siempre la espalda a Roma, son más prósperos y felices que aquella España que dormita como una mendiga a la puerta de la Iglesia”. Estos son duros comentarios que revelan la ruptura social de la época y, sin embargo, las críticas del autor valenciano no se limitan a ese nexo político, también toman en cuenta los rechazos por parte de la Iglesia de los últimos hallazgos científicos, las teorías evolucionistas de las especies vivientes y otras leyes de funcionamiento universal. Esa constante oposición a las Ciencias naturales y matemáticas refuerza el autor en sus consideraciones y le incita a denunciar con ardor el principal interés de la Institución católica que resume él en mantener una población ignorante y sumisa para perpetuarse en el poder. La crítica de Blasco Ibáñez va incluso más lejos de la generalidad y compara la diferencia de conductas que pueden existir entre el clérigo francés y el español y concluye que la parte española es más reticente a hablar de avances o simplemente a dialogar.
Por otro lado, y a través de personajes sencillos que cumplen la simple función de retransmitir sus ideas políticas, el autor demuestra en La Catedral su rotunda oposición a la santificación masiva de clérigos y altos representantes de la Iglesia. Dice que “no dejan de ser humanos y pecadores”, refiriéndose implícitamente a las necesidades humanas y al fomento de un modo de vida anti-natural dentro de la institución que incita a las mentiras y a la creación de mitos falsos. Blasco Ibáñez presenta la beatificación como el resultado de una doble moral y de una hipocresía oficial. Habla abiertamente de relaciones amorosas entre sacerdotes y monjas, insiste en que no es una novedad y que es un secreto a voces. Pero el autor valenciano se muestra incluso más severo con el orden injusto que describe en la Iglesia y dibuja a una institución que practica la explotación violenta de los sacerdotes de la base y que se sostiene gracias a las pésimas condiciones salariales que aguantan estos últimos. Denuncia que “Al terminar la dominación religiosa en España, sólo los de abajo han sufrido las consecuencias. El sacerdote es pobre, el templo es pobre también, pero el príncipe de la Iglesia conserva sus miles de duros al año…”. Por fin, es interesante estudiar la comparación que hace Blasco Ibáñez entre su concepto de familia moderna y la familia que caracteriza a la Iglesia católica. Según él, el diálogo y la tolerancia que prevalece en la primera, más dialogante y abierta, choca con “el honor tradicional y bárbaro” de la segunda que castiga y rechaza sin remilgos. En su novela, el autor presenta a una familia rota como una célula cruel que reproduce el rencor y el sectarismo de los dogmas religiosos vigentes.
Muchas de las críticas evocadas por Blasco Ibáñez ya no pueden ser consideradas de actualidad (debido a la liberalización y democratización del modo de vida español). Sin embargo, otros muchos elementos de su argumentación permanecen intactos como la intromisión de la Iglesia en ciertos ámbitos políticos y el rechazo de ciertas libertades o avances (como el de la sexualidad, los anticonceptivos o el derecho al aborto). Por otro lado, la fe ciega que tenía el escritor valenciano en la Ciencia como motor de desarrollo, prosperidad y tolerancia (y que también menciona con aires inspirados en La Catedral) ha sido duramente objetada. Los grandes conflictos que han marcado el siglo XX y los inicios del siglo XXI demuestran que la Ciencia y la tecnología sólo son factores de felicidad para algunos y de sufrimiento para muchos otros. La Ciencia que tanto defendía Blasco Ibáñez no es una solución a todos los problemas de nuestra sociedad ni tampoco una respuesta a los daños generados por grandes conflictos de índole religiosa. Nos queda entonces reflexionar sobre la necesidad de una espiritualidad, sin excesiva institucionalización, y sobre las palabras de Blasco Ibáñez: “El hombre es Dios, el mundo es Dios también”.
Raskolnikov o el deseo de ser un Napoleón
Publicado en la revista literaria Ariadna-rc [Enero 2010].
Entre los grandes personajes que han marcado la historia de la literatura clásica y que pueden considerarse, hoy en día, referencias absolutas del arte de representar arquetipos de personalidades complejas e interesantes, Raskolnikov es indudablemente uno de los que, por sus ideales, sus teorías y sus aspiraciones, dan mucho de qué hablar. Este estudiante de derecho y de familia humilde sacado de la grandísima novela “Crimen y Castigo”, marca con sus maquinaciones y reflexiones las pautas y el ritmo extraordinarios de una trama única.
Deseoso de liberarse del yugo de una denigrante y opresora prestamista, Raskolnikov planea la muerte de esa mujer anciana con frialdad, hallando en ese proyecto la posibilidad de financiar sus estudios y de prosperar. En el piso de la victima, el estudiante irrumpe con un hacha y un plan infalible pero, tras matarla, se ve enzarzado en una serie de imprevistos que le harán conocer los límites de la mente humana y la conservación de sus facultades. El esfuerzo de planificación y el perfeccionismo de Raskolnikov se ven sacudidos por los eventos inesperados con los cuales es imposible contar y la imprevisión general del ser humano.
El interés generado por este personaje mítico no sólo se limita a su plan escalofriante. Todo lo que sucede nos hace reflexionar sobre la moralidad y la legalidad de ciertas acciones, la culpabilidad y la autoridad en una sociedad de derechos, pero también nos abre una ventana sobre la extrema complejidad de la mente humana. Tras matar a su principal víctima en circunstancias extremas, Raskolnikov trata de justificar su acción y de combatir una paranoia que se refleja en el rostro de todos los que le rodean. Aunque el protagonista sea racional hasta un extremo, la presión y el trauma causados por su acto de agresión le conducen a un estado de conmoción insospechado que incluye desmayos, pérdidas de control, fiebres y malestar generalizado. El hombre, que al inicio ostentaba tanta seguridad, se ve presa de la indecisión y de pánicos incontrolables.
Es interesante ver cómo el hombre oscila entre la necesidad destructora de afirmar su genio y la de redimirse de su acto censurable. Pero también suscita mucho interés la relación que existe entre un artículo que publicó unos años antes en un periódico local (referente a la psicología de los “Napoleones”) y su forma de concebir el mundo. Raskolnikov considera que los seres extraordinarios o superiores (que él denomina Napoleones) son seres capaces de ignorar las leyes. En definitiva, las leyes son descritas como instrumentos de control masivo al que, por ignorancia o simple miedo, la mayoría de la población se somete.
Tras una persecución psicológica de gran intensidad, Raskolnikov confiesa a una mujer inofensiva, el motivo principal de su crimen y le explica que su intención era comprobar si era un Napoleón. Es decir un hombre extraordinario, capaz de ignorar las leyes en vigor y de imponer las suyas. Pero la realidad es totalmente distinta. Raskolnikov entiende que no es capaz de aguantar las consecuencias de su crimen, se desilusiona profundamente por su invalidez y mediocridad, se deprime y lucha consigo mismo, contra su orgullo que le impide rendirse. Al final, la rendición y el amor aparecen como la única escapatoria, la única forma de redimirse y de sobrellevar un acto que ensombrece toda su existencia, pero aún así, es evidente que la vida de Raskolnikov no será la misma.
Un viaje a las letras africanas
Publicado en el periódico Diagonal [Diciembre 2009]
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| Léandre-Alain Baker en plena entrevista |
En su paso por la Ciudad Condal, Léandre-Alain Baker, escritor y director de cine congoleño, nos ha expuesto en un cálido encuentro el estado actual del panorama literario africano y planteado sus principales retos. Siempre con un tono reflexivo y comprometido, este gran representante de las letras del continente negro, autor de varias obras de teatro y novelas, nos ha desvelado un mundo literario en pleno auge pero que sigue a la espera de escritores libres y osados.
Según Léandre-Alain Baker la literatura africana es esencialmente reivindicativa debido a su corto camino. Su evolución ha sido rápida en los últimos cuarenta años, continua y dinámica, pero permanece ahora en un estado de relativa contención. Tras la etapa de los años sesenta en la que los intelectuales trataban de afirmar una identidad y saldar deudas pendientes con Occidente a través de una literatura fuertemente ideológica, la literatura ha adoptado en los años ochenta los rasgos de un cierto nacionalismo parecido a la literatura hispanoamericana en la que se critica los problemas del país, el despotismo, la corrupción y la mediocridad de las clases dirigentes. Hoy, la literatura africana se encuentra en una época de “antropología invertida” en la que el africano se observa a él mismo, produce un gran esfuerzo para describirse e indagar en sus costumbres, pero lo hace a través de criterios occidentales.
La principal explicación a este estado controvertido se debe a que el lector es mayoritariamente occidental. Sin ser consciente, el escritor africano emplea una estética y unas concepciones europeas para seducir a un público occidental. Ese dualismo que describe Léandre Baker en la literatura africana es inevitable y afecta a la mayoría de sus integrantes. El periodo del colonialismo ha creado una ambivalencia que sigue perdurando en las mentalidades y muy pocos pueden sustraerse a ese fenómeno. Él mismo, amante de la emoción literaria, nos revela su temprano amor por las letras y el contagio que supuso el descubrimiento de Rimbaud y Baudelaire. También nos divulga la influencia de autores ilustrísimos como Aimé Césaire, que describe como un inmenso poeta, y Senghor.
Para que la literatura africana sea más independiente y sólida, es necesario el soporte de editoriales africanas y un público que se identifique directamente con ella. De no ser así, el escritor africano seguirá auto-censurándose y adoptando un falso discurso para atraer a lectores. Por otro lado, existe también un agravante político: la falta de libertades en África impide el desarrollo de una auténtica literatura y limita la escritura a una prensa en un estado embrionario. Por eso la mayoría de los escritores africanos que se expresan libremente residen en Europa.
Cuestionado sobre los grandes valores de la literatura actual, Léandre nos señala a su compatriota Emmanuel Dongala (con quien ha tenido la ocasión de escribir y dirigir varias obras de teatro), como una figura imprescindible de este panorama emergente. El autor de “El fuego de los orígenes” y de otras grandes novelas es, según él, uno de los mejores y más representativos escritores contemporáneos porque goza de toda su libertad. No tiene compromisos y no trata de complacer a nadie: eso es justamente lo que la literatura africana necesita en este momento. También nos indica a Alain Mabanckou, premio Renaudot, como el representante de esa nueva generación talentosa de escritores africanos, libres y sin tapujos.
A esa literatura del continente negro que Léandre desea más independiente y resuelta, el narrador contribuirá con la publicación en el 2010 de una obra de teatro titulada “EL efecto invernadero sobre el comportamiento de los ángeles”. Esperemos que la obra sea rápidamente traducida al español para apreciar su estilo único y osado.












